La tiranía de las
etiquetas
Hoy me gustaría hablar de algo que todos
usamos a diario, pero que puede llegar a ser muy peligroso: el uso de las
etiquetas.
No me refiero a las del supermercado que
nos dicen si la leche es entera o desnatada. Hablo de las etiquetas
silenciosas, esas que nos colgamos a nosotros mismos, y las que “regalamos” a
nuestros compañeros, familia, pareja, e incluso, a nuestros hijos. Una etiqueta de producto informa, una personal, casi siempre, limita.
Está claro que clasificar es útil. Si no
etiquetáramos y referenciáramos las cosas, el mundo sería un poco caótico. El
problema aparece cuando aplicamos esa lógica de clasificación a las personas. Es
aquí cuando corremos el riesgo de que una simple palabra se convierta en un código
de identidad que nos acompañe como un lastre para el resto de nuestra vida.
La Trampa del Liderazgo Fácil y el efecto negativo
En el trabajo, es automático. Casi sin
querer, enseguida identificamos a “el resolutivo”, “el positivo”, “el que
siempre está de buen humor”. Hasta aquí, bien.
El verdadero problema comienza con el lado
B de las etiquetas: “el gruñón”, “el nubarrones”, “el que no se entera”, y una
de las más peligrosa de todas, “el tóxico”. ¡Cuidado! Al poner una de estas, no
estamos ayudando nada. De hecho, es todo lo contrario.
🔑 El Peligro Oculto:
Las Etiquetas Positivas
Y aquí viene algo que no siempre vemos,
pero que también es muy importante. Las etiquetas positivas también tienen su
peligro, es decir, también atan.
Cuando te asignan, por ejemplo, el rol de “resolutivo”
o “imprescindible”, de alguna manera empiezas a sentir cierta presión. Te
sientes en la obligación de estar siempre a la altura de esa expectativa. Un
error no es un simple error, se convierte en una traición a esa etiqueta. Esto puede
llegar a generar una autoexigencia desmedida que irá creciendo conforme te
vayan reforzando tu nuevo título. De aquí al agotamiento, estrés, burn out, síndrome
del impostor o el miedo a fallar entre otros, hay un paso.
En el fondo, una etiqueta positiva es una jaula de oro.
Ofrece reconocimiento, sí, pero a costa de la libertad de ser simplemente
humano, con sus errores y sus días malos.
💣 La Consecuencia:
El Efecto Pigmalión en Acción
El hecho de reducir la identidad de un
compañero o colaborador a una etiqueta trae consigo una consecuencia poderosa
y, a menudo, destructiva en el liderazgo: es lo que se conoce como Efecto
Pigmalión o la profecía autocumplida.
Básicamente funciona así: tu creencia o
juicio (la etiqueta) se proyecta sobre la otra persona, y el comportamiento de
esa persona se pliega (a menudo, inconscientemente) para cumplir esa
expectativa. En otras palabras, al etiquetar
a los miembros de tu equipo, tus juicios acaban implantándose en su
comportamiento. Tu percepción se convierte en
su realidad.
🔑 Conclusiones y recomendaciones
Enfócate en el comportamiento y no tanto en la
persona. Evita usar frases que empiecen con “Tú eres …”. Mejor describe la acción
específica que has observado. Por
ejemplo, en lugar de decir “Manuel es desorganizado” puedes decir “he observado
que el informe que me has enviado no contiene lo que acordamos”. Aquí estaríamos
separando la identidad de la acción,
emitiendo una crítica constructiva y que seguramente, ayudará más a solucionar
el problema.
Como
líder, es importante saber reconocer el
peligro de las etiquetas positivas (“el perfecto”, “el resolutor”,
etc), ya que pueden llegar a generar una autoexigencia muy poco sostenible y
totalmente contraproducente. Nuestro rol como líderes debería ser validar el esfuerzo
por encima del resultado perfecto. Un error
no anula el valor de tus colaboradores; solo significa que días
malos tenemos todos. Al fomentar esta perspectiva, reducimos el miedo al
fracaso, promovemos la innovación y prevenimos temas más serios como el estrés crónico
y burnout.
Lidera con curiosidad, no
con sentencias. Cuando un colaborador no cumpla con una expectativa,
utiliza preguntas abiertas en lugar de asumir el motivo (“está desganado”). Pregunta
por ejemplo “¿Qué te está impidiendo avanzar con esta tarea?”.
🔗 Aplicación en el
Mundo Personal
Las etiquetas
no se quedan dentro de la oficina. También se aplican en nuestras relaciones
personales donde pueden sabotear relaciones
e incluso sembrar creencias limitantes
que, en el caso de los niños, pueden llegar a condicionar el desarrollo de su
potencial.
La clave
está en el lenguaje. Empieza a dejar de utilizar frases que atacan
la identidad. Por ejemplo, cambia el juicio "Eres un egoísta" por una
descripción del comportamiento y su efecto: "Con ese comportamiento das a
entender que solo piensas en ti."
En resumen, la invitación es clara:
desconfía de cualquier atajo mental que intente reducir la complejidad humana a
una sola palabra. El verdadero arte del liderazgo (y de la vida personal)
reside en la capacidad de ver a las personas, incluyéndonos a nosotros mismos,
no como fotos fijas, sino como seres en un proceso continuo de cambio y evolución.
Al romper con la tiranía de las etiquetas,
abrimos el espacio para el crecimiento y la evolución, que es donde
reside el verdadero potencial.
Y tú, ¿qué etiquetas sueles utilizar más
en el trabajo o en tu vida personal? ¿Las negativas o las supuestamente
positivas? Ya sabes que ninguna de ellas es una buena aliada.
Te leo en los comentarios y te respondo
Si quieres ir un paso más allá y avanzar
en el liderazgo de tus equipos o en tu desarrollo personal, no dudes en
contactarme: ✉️ rdepablo.coach@gmail.com